SEMANA SANTA 2020

Estamos celebrando la Semana Santa doméstica , confinadas en nuestras comunidades y desde ahí recordando y rezando por todos los que comparten por el dolor y la enfermedad  la  Cruz con Jesús.

Celebrar la Pascua es celebrar el misterio de la vida desde el “haced esto en memoria mía” de Jesús de Nazaret. Una memoria peligrosa y provocadora que siempre corremos el riesgo de domesticar. Dios más que amor es amar y quien ama se adentra en la sabiduría misteriosa de la ternura. Por eso quien ama no muere nunca, sino que sus semillas son germen de nueva vida. La compasión y la ternura  nos complican, como a Jesús, con aquellos y aquellas a quienes más les es negada hoy en nuestro mundo.

La actitud tierna y misericordiosa de Jesús es denunciadora de un mundo inhumano y violento en el que predomina la ley del más fuerte, la que imponen todos aquellos para quienes su fuerza es la norma del derecho. Para Jesús no hay más ley que el amor y su norma es volcar toda su ternura y afecto en el cuidado y la dignidad de las personas más vulnerables.

Como nos dice el Papa Francisco, la ternura constituye una revolución inaugurada por Jesús pero pendiente aún en nuestro mundo, No sólo en las relaciones personales y familiares, sino también en la vida social y política.  La ternura es Eucaristía y en Jesús se hace ternura entregada hasta el extremo, como recordamos el Jueves Santo.