Si quieres poner en este mundo una pincelada más de fraternidad, sencillez y servicio, sigue leyendo:

El Gran Pintor dibujaba y dibujaba, en su bondad: El Reino.

Tomó en sus manos un grupo de pinceles, de todos los tamaños; unos sin estrenar, otros usados y algunos muy viejos, pero todos ellos, abandonados y seguros en el amor de su Señor y Artífice.

El Gran artista, cada mañana, al empezar su tarea, acariciaba a cada pincel, valorándolo y destinándolo a pinceladas y colores concretos.

Los pinceles, también, cada mañana, se volvían  hacia su Señor, expectantes y agradecidos y desde aquí, descubrían en los demás pinceles la riqueza del contrate de colores y la sinfonía completa que lograría la obra de su Señor.

Contentos por este descubrimiento, se comprometieron a ayudarse y fueron plasmando en el lienzo:

alegría, sencillez, disponibilidad, amor… FRATERNIDAD

humildad, perdón, cercanía, austeridad… POBREZA

ternura, misericordia, comprensión, servicio, entrega…. AYUDA A LOS NECESITADOS.

Y siguieron pintando y pintando la obra de sus Señor.

Otros pinceles, que estaban alejados de la obras: unos, rotos en el rincón de la marginación, otros gastados por el hedonismo de la vida, otros raídos por la ambición y el dinero y otros muchos, nuevos y lozanos, buscadores, como tú, fueron poniéndose al alcance del Creador, para completar la obra que requería de todos ellos: hijos de único Padre, Dios.

¿ves? ¡Es fácil! se trata de: SER UN HUMILDE PINCEL EN LAS MANOS DE DIOS